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domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Qué es el Reino de Dios?



¿CUÁL fue el tema principal de la predicación de Jesús? Según él mismo enseñó, fue el Reino de Dios (Lucas 4:43). Quienes lo escucharon seguramente le oyeron referirse muchas veces a ese Reino. ¿Los dejó eso confundidos o perplejos? ¿Le preguntaron qué era ese Reino? No. Los Evangelios no registran ninguna pregunta de ese tipo. Por consiguiente, ¿sabían aquellas personas lo que era el Reino de Dios?

Lo cierto es que las antiguas Escrituras, que los judíos consideraban santas, describían ese Reino. De hecho, revelaban en términos muy claros y concretos tanto lo que es como lo que logrará. Hoy podemos saber aún más sobre el Reino, y básicamente del mismo modo: acudiendo a la Biblia. Veamos siete verdades expuestas en ella. Las primeras tres no fueron ningún secreto para los judíos de los días de Jesús e incluso antes. Las tres siguientes fueron reveladas por Cristo o por sus apóstoles durante el siglo primero. Y la séptima y última se ha hecho evidente en nuestro propio tiempo.


1. El Reino de Dios es un gobierno real que durará para siempre.

La primera profecía que aparece en la Biblia revela que Dios enviaría a alguien para rescatar a los seres humanos fieles. A ese redentor se le llamó “la descendencia”, y se predijo que eliminaría para siempre las terribles consecuencias de la rebelión de Satanás y de Adán y Eva (Génesis 3:15). Mucho tiempo después, al fiel rey David se le dijo algo emocionante acerca de esa “descendencia”, o Mesías: gobernaría sobre un Reino, sobre un gobierno que sería distinto de todos los demás, pues duraría para siempre (2 Samuel 7:12-14).


2. El Reino de Dios acabará con todos los gobiernos humanos.

El profeta Daniel recibió una visión en la que contempló una sucesión de potencias mundiales que se ha extendido a lo largo de la historia y ha llegado incluso hasta nuestros días. Observe el sorprendente desenlace de su visión: “En los días de aquellos [últimos] reyes [humanos,] el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos”. De modo que todos los reinos, o gobiernos, de este mundo —con sus guerras, su crueldad y su corrupción— serán destruidos para siempre. Como señala esta profecía de Daniel, el Reino de Dios pronto gobernará sobre toda la Tierra (Daniel 2:44, 45). No solo es un gobierno real, sino que será el único que exista.*


3. El Reino de Dios acabará con las guerras, las enfermedades, el hambre y hasta la misma muerte.

La Biblia contiene emocionantes profecías que revelan lo que el Reino de Dios hará en este planeta. Dicho gobierno logrará lo que ninguna organización humana ha logrado ni podrá lograr. Imagínese: ¡todas las armas de guerra destruidas para siempre! La Biblia dice: “[Dios] hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra” (Salmo 46:9). No se necesitarán médicos ni hospitales, pues ya no habrá enfermedades. “Ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’.” (Isaías 33:24.) Nadie padecerá desnutrición ni se morirá de hambre. “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra.” (Salmo 72:16.) Ya no habrá funerales, velatorios, cementerios ni morgues, ni el sentimiento de vacío que los acompaña. La muerte, nuestra implacable enemiga, será por fin derrotada. El Creador “realmente se tragará a la muerte para siempre, y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro” (Isaías 25:8).


4. El Rey del Reino de Dios es alguien escogido por Dios mismo.

El Mesías no se nombró a sí mismo, ni tampoco lo eligieron seres humanos imperfectos. Más bien, Jehová Dios lo escogió personalmente. Así lo indican los títulos Mesías y Cristo, que significan “Ungido”. De modo que es Jehová quien ha ungido, o designado, a Jesús para ocupar un puesto tan especial. Dios mismo dice de él: “¡Mira! ¡Mi siervo, a quien tengo firmemente asido! ¡Mi escogido, a quien mi alma ha aprobado! He puesto mi espíritu en él. Justicia para las naciones es lo que él sacará” (Isaías 42:1; Mateo 12:17, 18). ¿Y quién sabe mejor que nuestro Creador la clase de gobernante que necesitamos?


5. El Rey del Reino de Dios ya ha demostrado ante toda la humanidad que es digno de ocupar ese puesto.

Jesús de Nazaret fue sin duda el Mesías prometido. Provino del linaje que Dios había determinado (Génesis 22:18; 1 Crónicas 17:11; Mateo 1:1). Cuando estuvo en la Tierra, cumplió decenas de profecías escritas siglos antes. Además, desde los cielos se le identificó como el Mesías. ¿De qué manera? Pues bien, Dios mismo habló desde los cielos y lo reconoció como su propio Hijo, y los ángeles lo señalaron como el Mesías prometido. Por otra parte, Jesús ejecutó milagros que eran una clara manifestación del poder divino, y a menudo lo hizo ante miles de testigos oculares.# Jesucristo demostró vez tras vez la clase de gobernante que sería. No solo tenía el poder para ayudar a la gente, sino también el deseo de hacerlo (Mateo 8:1-3). Era generoso, compasivo, valiente y humilde. El relato de su vida en la Tierra se halla al alcance de todos, en las páginas de la Biblia.


6. En el Reino de Dios, 144.000 escogidos gobernarán junto con Cristo.

Jesús dijo que otras personas, entre ellas sus apóstoles, gobernarían con él en el cielo. Llamó a ese grupo “rebaño pequeño” (Lucas 12:32). Más tarde, al apóstol Juan se le dijo que este rebaño pequeño se compondría de 144.000 siervos de Dios. Estos tendrían la emocionante tarea de gobernar como reyes y servir como sacerdotes junto con Cristo (Revelación [Apocalipsis] 5:9, 10; 14:1, 3).


7. El Reino de Dios, que ya gobierna en los cielos, está listo para gobernar también sobre toda la Tierra.

Esta última verdad es una de las más impactantes. La Biblia ofrece muchas pruebas de que Jesús ha recibido en los cielos su autoridad de Rey. Allí reina ahora, y muy pronto extenderá su dominio a toda la Tierra y cumplirá las grandiosas profecías que ya hemos citado. Pero ¿cómo podemos estar seguros de que el Reino de Dios ya está rigiendo? ¿Y cuándo comenzará a gobernar la Tierra?

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* Profecías como esta muestran que el Reino de Dios no es algo que esté en el corazón, como muchas veces se ha enseñado.

# Véanse, por ejemplo, Mateo 3:17, Lucas 2:10-14 y Juan 6:5-14.


¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?

“SEÑOR, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6.) Esta pregunta de los apóstoles indica que estaban ansiosos por saber cuándo establecería Jesús su Reino. Y hoy día, unos dos mil años después, muchas personas siguen preguntándose con impaciencia: “¿Cuándo vendrá el Reino de Dios?”.

Puesto que Jesús hizo del Reino el tema principal de su predicación, es de esperar que contestara esa pregunta. Y así fue, pues habló extensamente de un período concreto de tiempo al que llamó “la presencia del Hijo del hombre” (Mateo 24:37). Dicha presencia guarda estrecha relación con el establecimiento del Reino mesiánico. Por eso, ¿qué es la presencia de Cristo? Veamos cuatro aspectos fundamentales que revela la Biblia sobre dicha presencia.


1. La presencia de Cristo comenzaría mucho tiempo después de su muerte.

En una de sus parábolas, Jesús se comparó a un hombre que “viajó a una tierra distante para conseguir para sí poder real”, es decir, “un reino” (Lucas 19:12; nota). ¿Cómo se cumplió esta ilustración profética? Pues bien, una vez que Jesús murió y fue resucitado, viajó a la “tierra distante”, que representa el cielo. Y tal como predijo en una parábola similar, “después de mucho tiempo” volvería investido de poder real (Mateo 25:19).

Algunos años después de que Jesús ascendió al cielo, el apóstol Pablo escribió: “[Jesús] ofreció un solo sacrificio por los pecados perpetuamente, y se sentó a la diestra de Dios, esperando desde entonces hasta que se coloque a sus enemigos como banquillo para sus pies” (Hebreos 10:12, 13). Así que, tras ascender al cielo, Jesús esperó un largo tiempo. Dicha espera finalmente concluyó cuando Jehová Dios colocó a su Hijo en el trono del Reino mesiánico, prometido tanto tiempo atrás. En ese momento comenzó la presencia de Cristo como Rey. Pero ¿verían los seres humanos ese acontecimiento trascendental?


2. La presencia de Cristo es invisible.

Recuerde que Jesús habló de la señal de su presencia (Mateo 24:3). Piense en esto: si su presencia fuera visible, ¿verdad que no se necesitaría una señal? Pongamos un ejemplo. Imagine que emprende un viaje a la costa para ver el mar. Quizá encuentre señales indicadoras a lo largo del trayecto, pero una vez que llegue a la orilla y contemple la inmensa masa de agua que se extiende hasta el horizonte, ¿esperaría encontrar un gran letrero que dijera: “Este es el mar”? ¡Claro que no! ¿Para qué ponerle una señal a algo que uno puede reconocer en cuanto lo ve?

Si Jesús tuvo que detallar la señal de su presencia, es porque esta no sería evidente. En realidad, la señal nos ayudaría a percibir algo que tendría lugar en los cielos. Por eso declaró: “El reino de Dios no viene de modo que sea llamativamente observable” (Lucas 17:20). Entonces, ¿cómo revelaría la señal que la presencia de Cristo ya habría comenzado?


3. La presencia de Jesús sería un período marcado por graves problemas en la Tierra.

Jesús dijo que su presencia como Rey en los cielos sería un tiempo de guerras, hambrunas, terremotos, epidemias y delincuencia aquí en la Tierra (Mateo 24:7-12; Lucas 21:10, 11). ¿A qué se debería todo ese sufrimiento? La Biblia explica que Satanás, “el gobernante de este mundo”, está lleno de ira, pues sabe que le queda poco tiempo ahora que ha comenzado la presencia de Cristo como Rey (Juan 12:31; Revelación 12:9, 12). De hecho, en nuestros días hay abundantes pruebas visibles de la cólera de Satanás y de la presencia de Cristo. Tales pruebas se han visto a una escala mundial y sin precedentes desde 1914, año en que, según los historiadores, el mundo cambió.

Quizá le parezca que todo esto pinta un cuadro muy sombrío, pero no es así. En realidad, las cosas que están pasando indican que el Reino mesiánico ya está gobernando en los cielos. Muy pronto, ese gobierno asumirá el dominio de toda la Tierra. Pero ¿cómo podrían los seres humanos saber que ese Reino existe y lo que deben hacer para ser sus súbditos?

Las malas noticias que oímos todos los días son prueba de que se acercan tiempos mejores.


4. Durante la presencia de Jesús se realizaría una obra mundial de predicación.

Jesús declaró que su presencia sería un período parecido a “los días de Noé” (Mateo 24:37-39).* Noé no solo fue el constructor del arca: también fue un “predicador de justicia” (2 Pedro 2:5). Advirtió a la gente que se acercaba el castigo divino. Pues bien, Jesús dijo que sus seguidores harían una obra similar durante su presencia. “Estas buenas nuevas del reino —profetizó— se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14.)

Como vimos en el artículo anterior, el Reino de Dios destruirá a todos los gobiernos del mundo. Mediante la predicación del Reino se advierte a los seres humanos que este gobierno celestial está a punto de asumir el control de la Tierra. De esa forma, se les da la oportunidad de escapar de la destrucción y hacerse súbditos del Reino. Por lo tanto, ahora la pregunta es: ¿qué hará usted?


¿Se beneficiará usted de lo que hará el Reino de Dios?

El mensaje que Jesús predicó ofrecía una esperanza incomparable. Hace miles de años, tras la rebelión ocurrida en Edén, Jehová Dios prometió establecer un gobierno que llevara a cabo su propósito original. ¿Y cuál es ese propósito? Que los seres humanos fieles vivan eternamente en un paraíso en la Tierra. ¿No le emociona saber que este gobierno prometido desde tanto tiempo atrás ya está funcionando en los cielos? Así es, el Reino de Dios no es un concepto abstracto ni lejano, sino toda una realidad.

El Rey que Dios ha nombrado ya está gobernando en medio de sus enemigos (Salmo 110:2). Pero aun en este mundo corrupto y alejado de Dios, el Mesías está cumpliendo el deseo de su Padre de buscar a todos los que quieren conocer cómo es Dios en realidad y adorarlo “con espíritu y con verdad” (Juan 4:24). A personas de toda raza, edad y condición social se les ofrece la esperanza de vivir para siempre como súbditos del Reino de Dios (Hechos 10:34, 35). Le animo a que aproveche sin demora esta maravillosa oportunidad. Sí , profundice su conocimiento del Reino de Dios, pues así podrá vivir para siempre bajo su justo gobierno (1 Juan 2:17).

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* Hay Biblias que traducen erróneamente la palabra presencia, y por tanto transmiten una idea equivocada de lo que es. Algunas vierten la palabra presencia por “venida”, “regreso” o “advenimiento”, y todos estos términos dan la idea de que la presencia sería un acontecimiento momentáneo. Sin embargo, la declaración de Jesús nos ayuda a refutar esa idea. Él no comparó su presencia al Diluvio de Noé, que fue un suceso concreto, sino a “los días de Noé”, que constituyeron un período trascendental. Al igual que ocurrió en aquella época, la presencia de Cristo sería un período de tiempo en el que las personas estarían tan absortas en los asuntos de la vida diaria, que no harían caso de la advertencia que se les estaría dando.